Marysol Akil volvió a Isla Margarita para hacer brillar la mesa libanesa

Chef Marysol Akil

Marysol Akil nació en San Juan de Puerto Rico, hija de padres libaneses, con apenas un año de edad emigró a la isla de Margarita, en Venezuela, junto con su familia. A los siete viajó al Líbano, donde vivió hasta los quince y, de acuerdo con sus palabras, fue en ese momento cuando “Dios marcó el verdadero inicio de mi destino”

Durante tres años vivió con su abuela materna, que solo le permitía lavar los platos. Jamás la dejó intervenir en sus preparaciones culinarias. Aún así, su curiosidad era implacable y desde el fregadero observaba cada técnica, cada ingrediente y cada secreto de sus recetas. Tiempo después, cuando sus padres se reunieron con ella, descubrió que a su madre ni le gustaba ni sabía cocinar.

De esta manera y naturalmente se vio entre los fogones del hogar. Su papá se convirtió en su guía para aprender a cocinar: “con frecuencia me pedía platos específicos que le preparaba mi abuela paterna, a quien nunca conocí. Con sus recuerdos, él me dictaba los ingredientes, los tiempos y los sabores de su infancia. Así heredé la sazón de una abuela ausente y, casi sin darme cuenta, mi padre escribió en mi memoria mi primer libro de cocina”.

Años más tarde Marysol se estableció en Colombia, donde se casó y tuvo a sus cinco hijos. Tras doce años de matrimonio enfrentó el divorcio y en ese momento comenzó lo que ella llama “la segunda etapa de su vocación”. Para sacar a sus hijos adelante y respaldada por los elogios a su sazón, comenzó a elaborar pasapalos y banquetes por encargo. Lo que nació como sustento familiar se convirtió en la semilla de su carrera gastronómica.

Platos de todo el Líbano

Al regresar a Venezuela, en el año 2009, todavía no tenía claro el rumbo que tomaría su vida. Siguiendo los pasos de su padre creyó que su vocación estaría en el comercio textil -oficio que dominaba desde su matrimonio- y se dedicó a la venta de ropa al por mayor, en Caracas, durante varios años.

La solicitud de un amigo de cocinar por diez días para un grupo de comerciantes árabes que estaban de paso por la ciudad convirtió un favor -sin planearlo- en una ghost kitchen que despachaba cien almuerzos diarios para la comunidad comercial árabe de la capital.

Para ese entonces no contaba con recetas estandarizadas, costeo ni formación técnica; era cocina hogareña, respaldada por una logística rigurosa que le abrió paso rápidamente a una nueva actividad comercial.

Ese impulso la llevó al restaurante Nour, en el Altamira Village, donde su propietario le confió la dirección de la cocina: “Asumir por primera vez el rol de empleada fue un desafío enorme, pero el compromiso con mis cinco hijos fue siempre mi brújula. Acepté el reto sin dudar y fue allí, entre esos fogones, donde la vida me cruzó con Ligia”, quien suscribe este texto.

Consciente de sus debilidades y con absoluta honestidad comenzó a formarse en gestión y costeo gastronómico, a través de un curso que se ofrecía por redes sociales. Además, tomó el de Neurogastronomía impartido por Merlin Gessen para perfeccionar su labor.

Para ese momento, ella se definía con orgullo como «cocinera». Sentía que el título de chef exigía una madurez que, para ella, aún estaba en construcción. Marysol siempre ha preferido la autenticidad frente a cualquier otra etiqueta.

Con esa nueva base técnica dió el siguiente paso: fundó su propio servicio de catering bajo el nombre Sabores de mi Líbano, en el que elevó aquellas primeras recetas de Colombia, para atender bodas y eventos de gran escala. Se enamoró profundamente del oficio al descubrir la nobleza que tiene cocinar y servir con excelencia y, durante ese proceso, sintió que se encontró consigo misma frente al fuego. Fue ahí, con plena conciencia y madurez, que nació la chef Marysol Akil.

A partir de allí diversifica sus servicios ofreciendo consultorías y el diseño de cartas para restaurantes de cocina árabe. Y como la vida da vueltas, el destino la trajo de vuelta, en 2023, a la isla de Margarita, la misma tierra donde comenzó la travesía de sus padres al llegar a Venezuela.

Allí celebra uno de sus mayores logros: Li Beirut, su restaurante, con una propuesta en la que conviven el rigor técnico, los secretos familiares y la memoria viva de sus dos abuelas: una a quien observó en silencio desde el fregadero y la otra a quien conoció a través de la memoria viva de su padre.

Propuesta que refleja a una nueva Marysol

A Marysol Akil le sigo la pista desde que inició en Nour, pero admito que Margarita recibió a esta paisana con los brazos abiertos pues en los proyectos en los que ha participado brilla aún más.

Es en Li Beirut donde más se siente la profunda evolución de su propuesta, a la que define como “el reflejo de mi resiliencia como mujer, de la lucha incansable por mis hijos y de un espíritu que rinde tributo, en cada bocado, a la grandeza, la dignidad y el coraje de mi amado Líbano”.

La propuesta gastronómica de Li Beirut corresponde a la alta cocina de herencia y memoria afectiva. No nace de una reinterpretación comercial, ni de modas pasajeras, sino de un linaje vivo en el que la técnica rigurosa y el recuerdo familiar se encuentran sobre el fuego. Ella quiere que su comensal se sienta en casa, entre familia.

Para crear este restaurante Marysol hizo una pausa en Venezuela y volvió al Líbano, por cuatro meses, para recorrerlo y traer nuevas recetas que hablan de un país cuya riqueza gastronómica necesitaba ser contada en la isla. Su cocina es halal 100% cumple estrictamente con las leyes dietéticas islámicas -sharía- por lo que ahí no encontrarás preparaciones con cerdo o sus derivados, ni animales carnívoros entre otros.

* La palabra árabe halal (حلال) significa «lícito» o «permitido», mientras que todo lo prohibido se clasifica como haram (حرام).

* Sharia en árabe se escribe شريعة; también es válida sharia, sin tilde pero en cursiva, porque conserva el dígrafo inglés sh, ajeno a la ortografía española.

¿Cinco platos que debes probar si vas a visitarla?

* La ensalada Fairuz, mezclum de lechugas, remolacha, nueces y gajos de naranja.

* El Sayadiye, plato de arroz con pescado y cebolla caramelizada al que se le agrega un buen chorro de zumo de limón.

* El shishbarak o sopa de yogur con pasta hecha en casa y rellena con carne molida y especies

* Al rawshe, pasta blanca con carne molida de cordero, especias, yogur natural hecho en casa coronado con almendras y piñones.

* Kunafa uno de los postres más emblemáticos de su carrera, con queso sémola y pistacho, que se sirve caliente.

Marysol Akil se despide invitando a conocer una mesa llena de sabores y recetas de todo un país que tiene mucho que ofrecer.